Frío


Volver a mis raíces.
Evocar mi niñez ,el colegio, la casa de los abuelos y los viajes familiares al final terminaron convirtiéndose en anécdotas suscintas pero no por eso, menos valiosas en la memoria.

En mi caso, los recuerdos se abjuraron en una herida punzante que no apacigua...  
Luego en cierto punto del camino, me acostumbre a ese dolor que aparentemente había desaparecido porque ya no dolía de la misma manera, pero que inevitablemente cuando se apagaban las luces y nadie me veía, me encontraba y afligía como el primer día. 

Volver a mis raíces me duele, porque en la medida en que pasaban los años y me adentraba en la edad que uno decide no ignorar a su alrededor, me tope con el abono caluroso y confortable que (desde que tengo uso de razón) me permitió crecer como roble con gran esfuerzo y sacrificio, que en ultimas no era otra cosa que puro amor. Pero no se confunda, hasta ese en exceso es nocivo.
No quiero escribirle a una fachada, 
volver aquí siempre me resulta doloroso,
la memoria no se queda congelada, si no que termina helándome.
lo que soy y lo que fui (a veces creo que ni queda rastro).

Volver no era lo mismo, porque sencillamente yo ya no era un esqueje y tarde comprendí que mi héroe, era más kryptonita que un tipo que volaba y salvaba a la humanidad.
Me rehusé a aceptar el cambio ¿Cómo no hacerlo? , era lo bonito y era lo indeleble.
El lugar me resulto espeluznante ¿cómo era posible que mi papá no era el que ponía las estrellas en el cielo? ...que pavoroso cuando la familia te transforma inconscientemente en su alienado y que el reconfortante nido se convierte en una sentencia condenatoria.

volver era hacerme cenizas.
cenizas que la brisa de diciembre se llevaba cada año.
Me convertí en un rompecabezas que se componía con el tiempo y cuando eventualmente llegaba el verano solo tiritaba de frío nuevamente.



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